Lesson 2: Caring for the Sick and the Perfect Act of Contrition

03-25-2020Hermitage at HomeFr. Larry Merta

To my Flock at Holy Cross,

The other day I made an emergency run to a hospital and anointed someone who was apparently diagnosed with the Virus a day after my visit. I took the necessary precautions: wore the gown, gloves, visor and mask. Now, I have chosen to self-quarantine. It’s been 5 days since this all happened. I haven’t experienced any symptoms. I am just waiting. Staying busy with spring cleaning, appointments through phone calls and spiritual study.

Part of my spiritual study involves getting reacquainted with the illustrious writings of St. Benedict’s rule. Allow me to share yet another one of his precious gems as listed by the title of this article.

We may be called to assist in the very short future someone really sick in our homes. As Christians, we believe we are directly assisting Christ Himself who is present in those who are ill. Our corporal works of mercy find their foundations in Jesus’ teaching, ‘whatever you did to the least of my brothers, you did to me.’ The sick for their part do well to remember that those who are assisting them, perhaps out of great peril to their own health, are doing so for the honor and glory of God and should, therefore, not be given unreasonable demands.

The Church’s priests and extraordinary ministers of holy communion are physically restricted from those whose lives may be in peril. Some of my priest friends have not admitted to healthcare institutions, in part, because of the scarcity of protective resources available to visitors. This, of course, makes sense. We are patiently awaiting the day when these restrictions are lifted when the contagion subsides. And it will happen at some point.

We are not, however, beyond God’s help no matter how sick we may fall. There is an ancient tradition of our faith still full of meaning and importance even today that we should always have recourse to. Do you realize the power and peace that is available to us through a perfect act of contrition? What is it again, you ask?

As you know, there are two types of contrition: perfect, which is sorrow for personal sins out of love for God. Then there is imperfect, which is sorrow for personal sins out of fear of being damned eternally for them. This is also known as attrition. St. Thomas Aquinas somewhere wrote that those who approach the Sacrament of Confession with only attrition on their hearts usually see their fears of damnation transformed into contrition by the great power of Sacramental Confession. Praying our most fervent Act of Contrition is a resource available to us who cannot see a priest for the moment.

The Act of Contrition, which I hope we were able to memorize and conserve from our youth, is formulated with this desire to express sorrow for our sins because we love God and we have hurt Him, our only good, through our sinfulness. In extraordinary circumstances, like the times we are living in now, when we can’t get to confession, to make a good act of contrition necessarily includes the desire to get back to sacramental confession at the earliest convenience. With that in mind, trust this always valid Church teaching. You’ll be okay.

Here’s the act of contrition if you’re ready to pray whole-heartedly:

O my God, I am heartily sorry for having offended Thee, and I detest all my sins, because I dread the loss of heaven, and the pains of hell; but most of all because they offend Thee, my God, Who are all good and deserving of all my love. I firmly resolve, with the help of Thy grace, to confess my sins, to do penance, and to amend my life.
Amen. 

Here’s a shorter version:

Jesus, Have Mercy on Me a Sinner!

As most people know, there are two types of contrition:

  • perfect: out of love of God;
  • imperfect: out of fear of Hell.

Catholic teaching distinguishes a twofold hatred of sin; one, perfect contrition, rises from the love of God Who has been grievously offended; the other, imperfect contrition, arises principally from some other motives, such as loss of heaven, fear of hell, the heinousness of sin, etc. (Council of Trent, Sess. XIV, ch. iv de Contritione). (The Catholic Encyclopedia, "Contrition")

When we go to confession, imperfect contrition is sufficient to receive the pardon of our sins.

However, in extraordinary circumstances where [when] we cannot get to confession, we can make an act of perfect contrition, which is sufficient to have our sins forgiven.

Important: The act of perfect contrition includes the desire for the sacrament of Penance (or Reconciliation) and the intention to receive sacramental confession at the very first opportunity.

https://www.americaneedsfatima.org/forms/WEB105

Lección 2: Cómo Cuidar al Enfermo y el Acto de Contrición Perfecto.

Para Mi Rebaño de la Santa Cruz,

Hace unos días, fui al hospital en una llamada de emergencia para darle unción a alguien quien aparentemente había contraído el Coronavirus un día después de mi visita. Yo tomé las precauciones necesarias: me puse la bata, los guantes, el visor y la máscara. Ahora, he decidido ponerme en cuarentena. Han pasado ya 5 días desde que todo esto pasó. No he experimentado ninguno de los síntomas. Estoy solamente esperando. Me mantengo ocupado limpiando mi hogar, teniendo citas por teléfono y el estudio espiritual.

Parte de mi estudio espiritual involucra el de aprender de nuevo las escrituras de la regla de San Benito. Permítanme compartir con ustedes una más de sus joyas así como lo dice el título de este artículo.

Es posible que en un futuro no tan distante, se nos llame a ayudar a una persona enferma en nuestro hogar. Como Cristianos creemos que estamos ayudando directamente a Cristo mismo quien se presenta en aquellos que están enfermos. Nuestros actos corporales de la misericordia encuentran su fundación en las enseñanzas de Jesús, “En verdad les digo que en cuanto ustedes no lo hicieron a uno de los más pequeños de estos, tampoco a Mí lo hicieron”. (Mateo 25: 45). Los enfermos, por su parte, hacen bien al recordar que aquellos que los atienden, tal vez poniéndose en gran peligro de salud, lo hacen por el honor y la Gloria de Dios y deben, consecuentemente, no hacer demandas irrazonables.

Los Sacerdotes de la Iglesia y los ministros extraordinarios de la sagrada Comunión tienen restricciones físicas de aquellos que sus vidas están en peligro. Algunos de mis sacerdotes amigos no los han dejado entrar a las instituciones de salud en parte por la falta de recursos de protección disponibles para los visitantes. Esto, por su puesto, tiene sentido. Aguardamos pacientemente el día en que estas restricciones se levanten cuando el contagio se venza. Y sucederá a cierto punto.

Sin embargo, no estamos fuera del alcance de la ayuda de Dios, no importa cuán enfermo estemos. Hay una tradición antigua de nuestra fe que todavía está llena de significado y de importancia aún hoy, la cual podemos usar como recurso. ¿Se dan cuenta del poder y la paz que está disponible para nosotros a través del acto de contrición perfecto? Ustedes preguntan: ¿Qué es eso?

Como saben ustedes, hay dos tipos de contrición: el perfecto, el cual es pena por los pecados personales por el amor de Dios. Y también está el imperfecto, el cual es pena por los pecados personales por el miedo de caer en la maldición eterna por ellos. Esto también se llama atrición. Santo Tomás de Aquino escribió en alguna parte que todos los que se confiesan con solamente atrición en sus corazones normalmente ven su miedo a la maldición transformado a la contrición a través del gran poder del sacramento de la confesión. El orar un ferviente acto de contrición es un recurso disponible para nosotros cuando no podemos conseguir a un sacerdote en el momento.

El acto de contrición, el cual espero que hayan podido memorizar en su juventud, está formulado con este deseo de expresar pena por nuestros pecados porque amamos a Dios y lo hemos maltratado a Él, nuestra única bondad, a través de nuestro pecado. En circunstancias extraordinarias, como las que vivimos ahora, cuando no podemos ir a confesarnos, para hacer un buen acto de contrición incluye necesariamente el deseo de regresar a la confesión sacramental lo más pronto posible. Con esto en mente, confíen en esta enseñanza de la Iglesia que es siempre válida. Estarán a salvo.
Aquí está el acto de contrición si están listos a orarlo de todo corazón.

Oh, Dios mío, me arrepiento de todo corazón por haberte ofendido, y detesto todos mis pecados, porque temo la pérdida del cielo, y el dolor del infierno; pero más que todo porque te he ofendido a ti, Dios mío, quien eres el sumo bien y mereces todo mi amor. Decido firmemente, con la ayuda de tu gracia, confesar todos mis pecados, hacer penitencia y enmendar mi vida.

Una versión más corta es:

Jesús, ten misericordia de mí, un pecador.

Su párroco,
Padre Larry

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