Our Good Works

12-02-2018The World in View from a Believer’s PerspectiveFr. Larry Merta

The Wakodahatchee Wetlands near Boyton Beach, Florida are teeming with migrant birds like this adult Anhinga. Had I taken another step, this specimen would have set sail for the sky. Somehow these birds had me thinking about our winter parishioners, our brothers in sisters in Christ who worship during the cooler months of the year with the year-round members of Holy Cross. Winter parishioners are parishioners, not snowbirds. That's what you are. Parishioners. I admire them as they seasonally participate in St. Vincent de Paul, as they head to the Council to meet the new office among our Knights, as they serve our indoor regularly scheduled Mass ministries. I am most grateful to God that you are using your gifts while you can. We grow in merit when we do so.

By merit, I mean God's willingness to associate us with His works of grace. Our Heavenly Father lets us participate in his goodness as we perform our works. Our good works are first and foremost God's good works. He delights that we cooperate with his goodness by seconding his plan with our works. This is what we call, in latin, meritas, understood in the Catholic sense.

At the root of our desire to serve lies Christ's compelling charge: For everyone to whom much is given, from him much will be required. Although we merit nothing on our own—because every good thing that has come down to us is already from God—He greatly desires our cooperation, that His works may shine in us and through us. Do you begin to see a little more clearly who is the saint? The man or woman who puts up no obstacles to God's work in both body and soul. So stay committed to ministry in ways that your health and time will allow!

Your Pastor,
Fr. Larry

El Mundo que se ve desde la perspectiva de un creyente

Los Humedales Wakodahatchee cerca de Boyton Beach, Florida rebalsan de pájaros migratorios como este Anhinga adulto. Si yo hubiera dado un paso más, este espécimen hubiera salido volando hacia el cielo. De algún modo, estas aves me hicieron pensar en nuestros feligreses invernales, nuestros hermanos y hermanas en Cristo que practican su fe durante los meses más frescos del año junto a los feligreses permanentes en la Santa Cruz. Los feligreses invernales son feligreses, no pájaros de la nieve. Eso es lo que ustedes son. Feligreses. Los admiro como participan durante la temporada con San Vicente de Paul, o cuando van hacia el Concilio a conocer a los nuevos oficiales de entre los Caballeros, o cuando sirven en cualquiera de los ministerios en las misas programadas adentro. Estoy muy agradecido con Dios porque ustedes están usando sus dones mientras pueden hacerlo. Crecemos en mėrito cuando lo hacemos.

Por mérito quiero decir la voluntad de Dios de asociarnos con Sus obras de gracia. Nuestro Padre Celestial nos permite participar de sus bienes a medida que hacemos nuestras obras. Nuestras buenas obras son ante todo buenas obras de Dios. Él se deleita de que cooperemos con su bondad al apoyar su plan con nuestras obras. Esto es lo que llamamos meritas dentro del entendimiento católico.

Al centro de nuestro deseo de servir esta la exhortación impulsora de Cristo: Porque a todos aquellos a quien mucho les es dado, mucho les será requerido por Él. Aunque no tengamos mérito propio –porque cada cosa buena que nos ha llegado ya viene de Dios—El desea intensamente nuestra cooperación, para que Sus obras puedan brillar en nosotros y a través de nosotros. ¿Comienzan ustedes a ver con un poco más de claridad quiėn es el santo? El hombre o la mujer que no pone obstáculos a las obras de Dios ni en el cuerpo ni en el alma. ¡De modo que sigan comprometidos a hacer ministerio en la manera en que su salud y su tiempo se los permita!

Su Pastor,
Padre Lorenzo

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