Sacrifice for Jesus

11-04-2018The World in View from a Believer’s PerspectiveFr. Larry Merta

Here's a gem of a photo from the 2nd Annual Holy Cross Family Camp this past July near Mormon Lake. I asked for a Cheeto and she did not hesitate to share with me a handful. Such lessons are learned at home. I suspect her happy display of generosity was the fruit of her family experience where the needs of another come before the wants of the self.

I chose this image in the hope of illustrating how the Church in every time, in order for it to grow, and bring the good news of Jesus Christ to every soul has come at the cost of the personal sacrifice, and in not a few cases, even unto the shedding of blood. The rule of salvation is clear: without sacrifice, there is no redemption, this is true for the mass just as it is true for the works of mercy within the Church.

Today you are receiving an invitation to sacrifice for Jesus' Church—not the Bishop's Church. Not my Church. It's JESUS' Church! We may not live to see full flourishing of the numerous works of mercy of this Campaign at the Diocesan and Parish levels. But what is important is that we reach into that little bag where the heart beats and see if there is anything there that can be offered to our Lord. Remember, we can't take what's left in the bag after we die. The bag stays down here. However, our charitable efforts as well as our omissions will follow us. 

Years ago, I had a good spiritual mentor, an Irish priest by the name of Fr. Eamon Kelly who left me with much food for thought one day when he said, "No good act of ours will escape God's notice. That's why I try to not pass up an opportunity to do some good in the name of God at each moment." Well, my friends, this is our moment.

Your Pastor,
Fr. Larry

Esta es una joya de fotografía que tom­ė en el Segundo Campamento Anual de la Familia de la Santa Cruz este pasado mes de julio cerca del Lago Mormón. Yo le pedí un Cheeto y ella no dudó en compartir conmigo una puñada. Esas lecciones se aprenden en casa. Sospecho que su feliz demostración de generosidad es el fruto de la experiencia en su familia, donde las necesidades de otro van antes que los deseos de uno mismo.

Escogí esta imagen con la esperanza de ilustrar cómo la Iglesia en todo momento, para poder crecer y llevar la buena nueva de Jesucristo a cada alma, lo ha hecho al costo del sacrificio personal, y, no en pocas ocasiones, aun al costo del derramamiento de sangre. La regla de salvación es clara: sin sacrificio no hay redención, y esto aplica tanto a la misa como a las obras de misericordia dentro de la Iglesia.

Este día, ustedes están recibiendo una invitación para sacrificarse por la Iglesia de Jesús—no la Iglesia del Obispo, ni mi Iglesia. ¡Sino la Iglesia de Jesús! Puede ser que no vivamos para ver el florecimiento completo de las numerosas obras de misericordia de esta Campaña a nivel diocesano y parroquial. Pero lo que es importante es que busquemos dentro de esa bolsita donde late el corazón y veamos si hay algo allí que podemos ofrecer a nuestro Señor. Recuerden, no podemos llevarnos lo que haya quedado en la bolsa cuando muramos. La bolsa se queda aquí abajo. Sin embargo, nuestros esfuerzos caritativos, al igual que nuestras omisiones, nos seguirán.

Hace años, yo tuve un buen mentor espiritual, un sacerdote irlandés llamado Padre Eamon Kelly, quien me heredó mucho en qu­ė pensar cuando un día me dijo, "Ninguna buena obra de nosotros escapará a la vista de Dios. Por eso trato de no dejar pasar una oportunidad de hacer algo bueno en nombre de Dios a cada momento." Bueno, mis amigos, este es nuestro momento.

Su Pastor,
Padre Lorenzo

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